Roberto se dio cuenta lo ansioso que es y cómo desde hace tiempo lo siente “todo raro”. Lo primero que piensa cuando tiene que controlar su caos es en títulos de películas de cine de los 50. Las comienza a contar como ovejitas hasta quedarse dormido. Ese lunes, al despertar, pensó en el sueño que había tenido: un viaje a Amsterdam en el que hacía todo lo posible por acompañar por la ciudad a todo su grupo y caerles bien en todo momento. Se ofreció también a limpiarles la habitación del Hotel. Ellos decían: -¿pero si para eso está el servicio?. No le importaba. Detrás del servicio de limpieza iba él para controlar que todo estuviera perfecto. Limpiaba todo otra vez, desarmaba las camas y volvía a hacerlas. Los baños los abrillantaba con el dedo o con cosas pequeñas. Le gustaba, decía que le hacía meditar estar concentrado en un pequeño centímetro. Rascar y rascar lo hacía sentir libre. Sólo una vez, cuando discutió con Norma, vivió algo parecido. Nadie sabe que pasó pero todo hacía pensar que se hicieron todo el daño posible durante tres horas. Recordó lo feliz que se sentía cuando los perfiles tres cuartos de espalda le irradiaban ternura y paz interior. Se sentaba y los buscaba…en la calle, en un café… Los detenía con su mirada, les sacaba una foto abriendo y cerrando los ojos y en ese momento su ansiedad se cortaba y vivía unos minutos de tranquilidad.
