EN LOS ALPES PATAGÓNICOS
Texto por Revista Altoparlante.
¿Por qué elegir la Patagonia y no cualquier otra parte del globo? Porque el gobierno alemán, cuando cae Stalingrado y hay problemas en el Mediterráneo y en Italia, y la caída del Tercer Reich era algo previsible, comenzó a idear, a través de áreas de inteligencia en todo el mundo, un plan de fuga para los principales jerarcas del régimen nazi. Se pensó (y se buscó) un lugar muy difícil de encontrar y lo suficientemente alejado del conflicto bélico mundial: podía ser Mongolia, el Sahara o la Patagonia, siendo esta última opción la mejor concebida, debido a la baja densidad poblacional, a lo arraigada de la cultura germana por aquel entonces (de los pocos habitantes varios eran de habla alemana, y también había empresas radicadas en la zona), a la vasta extensión territorial y a la ya mencionada ayuda y protección a cambio de billetes del gobierno peronista. Todos estos condimentos hacían de nuestra Patagonia, en las décadas del 40 y del 50, el lugar ideal para vivir en la clandestinidad.
Así, “nenes” como Adolf Eichmann, Eduard Roschmann, Erich Priebke o Aribert Heim se asentaron principalmente en la cordillera, ya que encontraron parecidos los paisajes de Bariloche y Villa La Angostura a los de los Alpes europeos. Eichmann, por ejemplo, fue uno de los criminales más buscados de la historia. Vivió en nuestro país bajo el nombre falso de Ricardo Klement. En 1956 fue descubierto en Bariloche en el contexto menos sospechoso: un concurso de filatelistas. Cuatro años más tarde, en mayo de 1960, agentes del servicio de seguridad israelita lo atraparon en Buenos Aires y lo llevaron a Jerusalén, donde fue enjuiciado por una corte de ese país. Aun durante el proceso judicial su cabeza tenía precio, a tal punto que declaró desde una cabina de cristal a prueba de balas. Fue acusado y condenado a muerte por 15 cargos contra la comunidad judía y crímenes contra la humanidad. El 1 de junio de 1962 fue ahorcado, siendo la única vez que Israel ha decretado una sentencia de muerte. Eduard Roschmann fue durante la segunda guerra mundial capitán de las SS y comandante del tristemente célebre campo de exterminio de Riga, Letonia, donde fue responsable de la muerte de 40.000 judíos. Se hacía llamar Friedrich Wegner y las autoridades de inmigración argentina lo registraron con el nombre apócrifo de Federico Wegener en 1948, cuando ingresó de manera clandestina. Se le reconoce un paso por Buenos Aires y también varias “idas y vueltas” entre la localidad de Puerto Montt, en el sur de Chile, y Bariloche. Allí, en el hospital de esa ciudad fue atendido por una enfermera quien tiempo después lo reconocería por una particularidad: había perdido los dedos de los pies por congelamiento cuando en Europa tuvo que escapar de sus captores caminando descalzo por la nieve y el hielo. Esa no sería la única fuga de Roschmann, utilizó los caminos cordilleranos de nuestra provincia y algunos pasos fronterizos no convencionales para despistar a quienes estaban detrás de su pista. Su búsqueda fue tan famosa que el escritor de best sellers Frederic Forsyth escribió una novela basada en su vida. Se llamó Odessa, se publicó en 1972 y dos años después fue llevada al cine. Murió el 10 de agosto de 1977 en un hospital de Asunción, Paraguay, país al que había llegado escapando de la ley. La situación de Erich Priebke es más reciente, de hecho hoy continúa con vida a los 96 años en Italia, luego de ser extraditado por nuestro país. Fue quien comandó la denominada Masacre de las Fosas Ardeatinas, en la cual fueron asesinados 335 ciudadanos italianos. Tras la guerra se radicó en Bariloche, donde llegó incluso a ser director del Instituto Cultural Germano Argentino de esa localidad. Vivió tranquilamente sin ser molestado hasta que en 1994 fue descubierto por Sam Donaldson, un periodista de una cadena de televisión estadounidense que había llegado a la ciudad en busca de otro nazi, Reihard Kops, quien, al verse acorralado, reveló la identidad de Priebke como un buen “soplón”. Fue juzgado cuatro años después en Italia y condenado a cadena perpetua. Pero el caso más publicitado de los últimos años es el de Aribert Heim, denominado como el “Doctor Muerte”. Antiguo médico de las SS, era buscado como responsable del asesinato de centenares de personas, principalmente españoles, en el campo de concentración de Mauthausen en 1941, aplicándoles inyecciones en el corazón, de fenol, agua o petróleo, entre otros crueles y macabros procedimientos. El 19 de junio del año pasado se anunció que podría estar viviendo, con 92 años, en Puerto Montt, Chile, donde reside su única hija, Waltraut Bösser, por entonces de 63 años de edad. También se mencionó que podía estar en Bariloche o a mitad de camino entre ambas ciudades. Por eso, a esa zona arribó una delegación del centro Simon Wiesenthal encabezada por el director Efraim Zuroff, impulsor de la operación denominada “Última oportunidad” que se inició en el año 2002 en Europa y que más tarde se amplió a países de América Latina, principalmente a la Argentina y a Chile para atrapar a criminales de guerra que presuntamente se encontraban con vida. Finalmente se supo pocos meses después, tras la fallida localización en la Patagonia, que Heim falleció en 1992 en El Cairo, Egipto, a causa de un cáncer de colon, según el relato de uno de sus hijos.

